El fin de semana Rodri y yo nos fuimos a descansar de esta enorme y contaminada ciudad, a un destino muy cercano… a Avándaro, no sé si ustedes conozcan, pero es una excelente opción para estar en contacto con la naturaleza, ya que está en pleno bosque.
Rodri desde hace tiempo me había comentado que sus tíos tienen casa allá y que cuando yo quisiera nos podíamos lanzar, con la condición de pedir la casa con tiempo. El fin de semana, por fin, me decidí y le dije a mi amorcito que ahora sí que necesitaba un fin de completo relax e ir a Avándaro era una muy buena idea.
Mi amorcito, fascinado... Desde el viernes empacamos y nos encaminamos a esta región ubicada en el Estado de México, después de Toluca. Para llegar uno se tiene que ir por Paseo de la Reforma, se toma la carretera a Toluca y se atraviesa dicha ciudad rumbo a Temascaltepec, pasando a un lado del Nevado de Toluca, que la verdad ¡¡¡ésta hermoso!!! Desde donde lo pude apreciar me gustó muchísimo.
Yo iba disfrutando intensamente del paisaje, pero Rodri se cansó bastante, pues la carretera para acceder tanto a Valle de Bravo, como a Avándaro, está bastante complicada pues hay tramos de tan sólo doble carril, tiene muchísimas curvas y como hacía bastante frío no faltó la neblina… ¡pobre Rodi!!
Después de tantas curvas al fin llegamos a Avándaro…. Rodrigo estaba muy fatigado… lo bueno fue que ya habíamos comprado algo de comida en el súper y solamente llegamos a cenar y a admirar el paisaje que había desde la ventana, que a decir verdad era precioso.

Ya con el estómago lleno y una vez que me tomé mi PDY, nos fuimos a “dormir”, con la chimenea encendida porque la verdad es que los dos nos estábamos congelando y no hay mejor remedio para eso que calentarnos el uno al otro, ¿no?
Al otro día temprano nos fuimos a dar una vuelta por Avándaro, claro que antes desayunamos algo, unos huevitos caseros y frijoles preparados por nosotros, ¡riquísimos! Jajaja. Avándaro es también conocido como Tenantongo, está a 5 kilómetros de Valle de Bravo y al igual que este pueblo está a las orillas del lago conocido como Lago Avándaro. El mayor atractivo de este lugar es el club de golf y diversos deportes extremos que aquí se practican, por ejemplo: paracaidismo, motociclismo, equitación, así como varios deportes acuáticos: pesca y esquí acuático.
Cuando Rodri me dijo que fuéramos lo primero que me vino a la mente fue un festival de rock, y es que este lugar ha sido escenario de este tipo de eventos. El más recordado es el “Festival de Rock y ruedas de Avándaro” que se llevó a cabo en 1971 y fue una especie de Woodstock mexicano.
Cerca de la casa está un club de golf muy grande y bonito, que además es parte de uno de los más importantes hoteles de Avándaro, de hecho se llama Hotel Avandaro Golf &Spa Resort.

Este hotel tiene de todo lo que se puedan imaginar… es de primera, se puede ir al spa para que a uno le den un masaje o le hagan un facial, se puede nadar, jugar golf, ir al bar, a los restaurantes… en fin un buen de cosas. Después de pasear por el hotel, Rodri y yo fuimos a comer.
En el camino pudimos observar unas magnificas caídas de agua, una conocida como “Cola de caballo” y la otra “Velo de Novia”, además de que el bosque, los pinos, los encinos y los oyameles le dan el toque final al hermoso paisaje.
Fuimos a un lugar que está en Valle de Bravo, muy cerca de Avándaro, Rodri lo eligió por su magnífica vista… y la verdad es que vale mucho la pena ir. El lugar se llama Le Bodocuá, su cocina es francesa y es muy rica. Otra cosa que nos gusto mucho, además de la deliciosa comida fue que podíamos ver a los paracaidistas desde la ventana, hasta se nos antojó ir a practicar ese deporte extremo… pero a la mera hora nos dio miedito, jajaja.

Después de comer venado, pato y unos ricos ostiones… qué combinación!!!, jajaja. Fuimos a dar una vuelta por el centro de Valle de Bravo, ya que nos quedaba bastante cerca.
Originalmente Valle de Bravo se llamó San Francisco del Valle de Temascaltepec, originalmente en este lugar se dedicaban a la agricultura y la horticultura. Era un lugar bastante tranquilo, hasta que en 1937 se rompió la calma con el inicio de las obras de construcción del Sistema Hidroeléctrico Miguel Alemán, con la finalidad de proporcionar electricidad a la Ciudad de México. Fue entonces que se inundaron 2 mil 900 hectáreas de tierras agrícolas que formaban parte del valle. Así fue como surgió el hoy conocido lago de Valle de Bravo, que es artificial.
Para estacionarnos fue todo un relajo, había decenas de autos por todo el centro de Valle, pero una vez que lo logramos paseamos por las empinadas callecitas de casas de adobe, madera y tejas rojizas casi todas construidas en el siglo XIX. En la plaza se puede pasar un rato agradable en los puestos de los deliciosos antojitos, helados, bordados mazahuas, artesanías y demás.

A pocos pasos del centro se localiza el mercado de artesanías que ofrece artículos de todo México, sin embargo predominan los bordados y tejidos de las mazahuas, así como las piezas de cerámica que se fabrican en la región.
Rodri me acompañó a ver todos los puestitos y tienditas que había por ahí… hasta lo convencí de regalarme una sudadera, jajaja. También nos tomamos una rica nieve: yo de mandarina y él de limón, de hecho estaban muy ricas las dos.
Una vez que llegó la noche nos regresamos a Avándaro, según yo íbamos a la casa, pero resultó que fuimos al bar del hotel, porque mi amorcito hizo reservaciones para la noche bohemia. No se imaginan lo bien que nos la pasamos, estuvimos cante y cante rolas de antaño, de José José, de Armando Manzanero… en fin de todos los compositores famosos mexicanos que se puedan imaginar.
Ya entrados un poco en copas… nos fuimos a la casa a descansar, la verdad es que ya hacía falta, además de que al otro día regresaríamos a la Ciudad de México.
Llegamos a la casa y caímos muertos. Al otro día nos costó un poco de trabajo despertarnos… ya se imaginaran la “cruda realidad”, jajaja. Además de que hacía un buen de frío y en eso que empieza a granizar… justo lo que nos faltaba.

Así ni cómo abandonar Avándaro jajaja, por eso decidimos ir a desayunar unos churros. No sé si ustedes hayan ido alguna vez a los Churros de Valle, es un restaurante que comenzó justamente en Valle de Bravo y que ahora ya tiene varias sucursales, entre las que está una en Avándaro y otra en la Ciudad de México en la zona de las Lomas.
Lo que la mayoría de la gente come aquí son obviamente los churros, pero también las alcachofas, que son una comida tradicional de esta región y lo cierto es que yo soy fan de estos vegetales, siempre se lo he dicho a Rodri, justamente por eso fuimos porque la niña quería su alcachofa, jajaja. Otra característica del lugar es su decoración, ya que como es un restaurante muy familiar van muchos niños. A los clientes se les da una hoja en blanco y crayolas para que dibujen y esas “obras de arte” las pegan en la pared, la mayoría de los dibujos son alusivos a los churros y la mayoría son bastante creativos.
Después de comer y de dibujar Rodri y yo ya estábamos listos para nuestro camino de regreso, según nosotros el granizo era cosa del pasado. Resultó que estábamos equivocados, ya que la carretera tanto de Avándaro como de Valle de Bravo estaba hasta el full de coches y de hielo. Con decirles que muchos hasta se estaban regresando.

Rodri y yo en algún punto del camino nos sentimos atrapados… hasta que al fin después de mucho batallar logramos salir a la autopista. Uff!!! El regreso sí que fue largo, ¡algo así como unas cinco horas! Hasta que al fin llegamos a descansar. |